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domingo, 12 de mayo de 2013

El agua de la Luna es idéntica a la de la Tierra

Desde hace más de 40 años ningún hombre ha vuelto a la Luna. Sin embargo, las muestras que trajeron a la Tierra los astronautas de las misiones Apolo siguen manteniendo ocupados a los científicos. Y su análisis sigue revelando importante información sobre la composición de nuestro satélite, como muestra un nuevo estudio publicado esta semana en la revista 'Science' sobre el origen del agua que hay en su superficie. Según sostiene un equipo de investigadores liderados por Alberto Saal, de la Universidad de Brown, posiblemente tuvo el mismo origen que el agua de la Tierra.
Para llegar a esa conclusión analizaron muestras de vídrio volcánico presente en rocas traídas durante las misiones Apolo 15 y 17, que se llevaron a cabo en 1971 y 1972 respectivamente. Este material contenía pequeñas trazas de una especie de cristales denominados inclusiones fundidas, en las que quedan registrados los procesos magmáticos que tuvieron lugar en el pasado en la Luna. La proporción de isótopos de hidrógeno que contenía este magma lunar es similar al que han encontrado en la Tierra, según los autores de esta investigación. De hecho, sostienen que la composición isotópica del agua que se encuentra en el magma de la Luna no se puede distinguir del agua de las condritas carbonáceas con las que compararon el material traído de nuestro satélite.
Durante mucho tiempo los científicos han sospechado que condritas carbonáceas como éstas, entre las que están los meteoritos más antiguos de los que figuran en los registros, fueron las que por primera vez trajeron agua a nuestro Sistema Solar. Según esta teoría, parte del agua que hay en la Tierra se originó cuando estas condritas impactaron contra nuestro planeta. Los científicos creen que el agua de nuestro planeta tuvo su origen al mismo tiempo que se formó la Luna.

Nunca se había demostrado experimentalmente

Jesús Martínez-Frías, jefe del Departamento de Planetología y Habitabilidad del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), explica que hasta ahora "se asumía la existencia de una relación genética, gracias al estudio comparado de los meteoritos condríticos, de las lunaitas (meteoritos lunares) y de las muestras traídas durante las misiones Apolo, pero hasta el momento no se había demostrado experimentalmente, ni se había precisado dicha cuantificación".

jueves, 21 de febrero de 2013

Un planeta extrasolar del tamaño de la Luna

A 210 años luz de distancia de la Tierra, en la constelación de Lyra, se encuentra el planeta extrasolar más pequeño encontrado hasta ahora que orbita una estrella similar a nuestro Sol. Ha sido localizado gracias al telescopio espacial Kepler de la NASA y según aseguran los astrónomos que lo han estudiado, su tamaño es un poco mayor que el de nuestra Luna e inferior incluso al de Mercurio, el planeta más pequeño de nuestro Sistema Solar.
Sus características se detallan esta semana en la revista 'Nature', en un estudio internacional liderado por Thomas Barclay en el que participan los españoles Jorge Lillo y David Barrado, investigadores del Centro de Astrobiología (CAB CSIC-INTA) y miembros del programa AstroMadrid. Desde diciembre de 2011 colaboran en este ambicioso proyecto astronómico liderado por la NASA.
Tan pequeño es este objeto celeste que los científicos de la agencia espacial estadounidense que participan en este estudio lo definen como minúsculo y aseguran que su detección ha sido un desafío. Su tamaño es un tercio del de la Tierra e inferior al de Mercurio. Hasta ahora los científicos no habían sido capaces de encontrar planetas más pequeños que los de nuestro Sistema Solar.
Comparación del tamaño de Kepler-37b con la Luna, Mercurio, Marte, la Tierra y otros planetas.| NASA/Ames/JPL-Caltech
  • Kepler-37b está situado a 210 años luz de distancia,en la constelación de Lyra
  • Su tamaño es inferior al de Mercurio, el más pequeño del Sistema Solar
  • Es el planeta extrasolar más pequeño detectado hasta ahora
A 210 años luz de distancia de la Tierra, en la constelación de Lyra, se encuentra el planeta extrasolar más pequeño encontrado hasta ahora que orbita una estrella similar a nuestro Sol. Ha sido localizado gracias al telescopio espacial Kepler de la NASA y según aseguran los astrónomos que lo han estudiado, su tamaño es un poco mayor que el de nuestra Luna e inferior incluso al de Mercurio, el planeta más pequeño de nuestro Sistema Solar.
Sus características se detallan esta semana en la revista 'Nature', en un estudio internacional liderado por Thomas Barclay en el que participan los españoles Jorge Lillo y David Barrado, investigadores del Centro de Astrobiología (CAB CSIC-INTA) y miembros del programa AstroMadrid. Desde diciembre de 2011 colaboran en este ambicioso proyecto astronómico liderado por la NASA.
Tan pequeño es este objeto celeste que los científicos de la agencia espacial estadounidense que participan en este estudio lo definen como minúsculo y aseguran que su detección ha sido un desafío. Su tamaño es un tercio del de la Tierra e inferior al de Mercurio. Hasta ahora los científicos no habían sido capaces de encontrar planetas más pequeños que los de nuestro Sistema Solar.
Recreación artística de Kepler-37b.| NASA/Ames/JPL-CaltechRecreación artística de Kepler-37b.| NASA/Ames/JPL-Caltech

Un sistema con, al menos, tres planetas

Kepler-37b, como ha sido bautizado, forma parte del sistema planetario Kepler-37 que cuenta con, al menos, otros dos planetas. Kepler-37c tiene un tamaño ligeramente inferior a Venus mientras que Kepler-37d es el doble de grande que la Tierra.
Aunque su estrella parece similar a nuestro Sol, los científicos que firman este trabajo creen que el sistema planetario es bastante diferente al nuestro.
Los tres planetas orbitan su estrella a una distancia inferior a la que Mercurio lo hace del Sol, por lo que los astrónomos creen que se trata de mundos inhóspitos en los que las temperaturas son muy altas. De hecho, estiman que la superficie de Kepler-37b podría superar los 400º C.
Los científicos sugieren que lo más probable es que se trate de un planeta rocoso sin atmósfera y sin agua, y creen que no alberga vida como la conocemos en la Tierra. "La temperatura superficial es tan alta que estaría esterilizada", afirma a ELMUNDO.es David Barrado, investigador del CAB. Por lo que respecta a la ausencia de atmósfera, afirma que tienen "evidencias indirectas pero firmes. Dada la cercanía del planeta a la estrella, la cantidad de energía que recibe es tan alta que eliminaría cualquier atmósfera", añade.

Un amplio catálogo de exoplanetas

Los planetas extrasolares o exoplanetas son aquellos que se encuentran fuera de nuestro Sistema Solar. Michel Mayor y Didier Queloz descubrieron en 1995 el primer planeta de estas características, que fue bautizado como Pegasi 51b. En pocos años los astrónomos han logrado elaborar un amplio catálogo de estos objetos gracias a los potentes telescopios espaciales, como Kepler, que fue lanzado al espacio en 2009. Su descubrimiento ha proporcionado a los científicos información muy valiosa sobre los sistemas planetarios y ha revelado que en el universo existen sistemas planetarios muy diferentes al nuestro.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Primer mapa de alta resolución del campo gravitatorio de la Luna

La corteza de la Luna es más delgada de lo que se había estimado: tiene un grosor de entre 35 y 43 kilómetros y no 50 o 60. Además, muestra las marcas de un intenso bombardeo de meteoritos durante millones de años, por lo que está muy fracturada. Son los resultados de la misión espacial Grail, de la NASA, que ha estado midiendo las ligerísimas variaciones en el campo gravitatorio del satélite desde principios de este año. Los datos tomados han permitido a los científicos trazar el mapa más detallado hasta la fecha de la corteza lunar. Los primeros resultados científicos de la misión se presentan esta semana en la revista Science.
La Grail es una misión peculiar que aplica una técnica de medida gravitatoria nunca antes utilizada en la Luna. Se trata de dos satélites gemelos que giran en torno al satélite natural terrestre a una distancia no superior a los 200 kilómetros conectados por radioseñales. Unos instrumentos especiales miden con precisión de centésimas de micra la distancia entre uno y otro. Cuando el primero de ellos es atraído hacia la Luna porque sobrevuela un lugar donde hay una montaña o rocas especialmente masivas en el subsuelo, aumenta ligeramente la distancia con el segundo artefacto, el que va detrás. Esas variaciones en la distancia se traducen en un mapa tridimensional de variaciones en la atracción gravitatoria en el que los científicos pueden leer la estructura interna de ese cuerpo celeste.
 
El campo gravitatorio lunar conserva el registro del intenso bombardeo que caracterizan todos los cuerpos planetarios rocosos y revela las fracturas que se extienden hacia el interior de la corteza y, posiblemente, también el manto, explica Maria Zuber (del Instituto de Tecnología de Massachusetts), investigadora principal de la misión. En la Tierra se han borrado con el paso del tiempo los rasgos geológicos primitivos, pero la Luna se ha mantenido relativamente estable durante miles de millones de años, por lo que los científicos la ven como un registro en sus rocas de procesos que ocurrieron en el pasado remoto, explican los expertos del MIT. Ahora, el nuevo mapa gravitatorio desvela una corteza mucho más fracturada de lo que se pensaba, lo que da una idea del tremendo bombardeo que sufrió en el pasado y que debió ser similar en otros cuerpos del Sistema Solar interior. “Esto supone una gran sorpresa y va a hacer que mucha gente se plantee su significado en la evolución planetaria”, dice Zuber.
“Con el grosor que tiene la corteza [notablemente inferior a lo que se había estimado], la mayor parte de la composición de la Luna es similar a la de la Tierra, lo que sustenta los modelos en los que el satélite se formó a partir de materiales terrestres que salieron eyectados por un gigantesco impacto en el Sistema Solar primitivo”, explica otro de los científicos de la misión, Mark Wieczorek (Instituto de Física del Globo, París).
La misión Grail concluye el próximo 17 de diciembre, pero los operadores de las dos sondas espaciales habían ya reducido la órbita de trabajo de los iniciales 55 kilómetros de altura sobre la superficie a unos 22 kilómetros. Ahora el plan es bajarlas más aún, hasta unos 11 kilómetros; después se quedarán sin combustible y acabarán estrellándose en el suelo lunar.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Origen de La Luna

Hay, básicamente, tres posibilidades en cuanto a la formación de la luna:
1.- Era un astro independiente que, al pasar cerca de la Tierra, quedó capturado en órbita.
2.- La Tierra y la Luna nacieron de la misma masa de materia que giraba alrededor del Sol.
3.- La luna surgió de una especie de "hinchazón" de la Tierra que se desprendió por la fuerza centrífuga.

Actualmente se admite una cuarta teoría que es como una mezcla de las otras tres: cuando la Tierra se estaba formando, sufrió un choque con un gran cuerpo del espacio. Parte de la masa salió expulsada y se aglutinó para formar nuestro satélite. Y, aún, una quinta teoría que describe la formación de la Luna a partir de los materiales que los monstruosos volcanes de la época de formación lanzaban a grandes alturas.

Hipótesis de fisión

La hipótesis de fisión supone que originariamente la Tierra y la Luna eran un sólo cuerpo y que parte de la masa fue expulsada, debido a la inestabilidad causada por la fuerte aceleración rotatoria que en aquel momento experimentaba nuestro planeta. La parte desprendida se "quedó" parte del momento angular del sistema inicial y, por tanto, siguió en rotación que, con el paso del tiempo, se sincronizó con su periodo de traslación.

Se cree que la zona que se desprendió corresponde al Océano Pacífico, que tiene unos 180 millones de kilómetros cuadrados y con una profundidad media de 4.049 metros. Sin embargo, los detractores de esta hipótesis opinan para poder separarse una porción tan importante de nuestro planeta, éste debería haber rotado a una velocidad tal que diese una vuelta en tan sólo tres horas. Parece imposible tan fabulosa velocidad, porque, al girar demasiado rápido, la Tierra no se hubiese formado al presentar un exceso de momento angular.

Hipótesis de captura

Una segunda hipótesis denominada 'de captura', supone que la Luna era un astro planetesimal independiente, formado en un momento distinto al nuestro y en un lugar alejado.

La Luna inicialmente tenía una órbita elíptica con un afelio (punto más alejado del Sol) situado a la distancia que le separa ahora del Sol, y con un perihelio (punto más cercano al Sol) cerca del planeta Mercurio. Esta órbita habría sido modificada por los efectos gravitacionales de los planetas gigantes, que alteraron todo el sistema planetario expulsando de sus órbitas a diversos cuerpos, entre ellos, nuestro satélite. La Luna viajó durante mucho tiempo por el espacio hasta aproximarse a la Tierra y fue capturado por la gravitación terrestre.

Sin embargo, es difícil explicar cómo sucedió la importante desaceleración de la Luna, necesaria para que ésta no escapara del campo gravitatorio terrestre.

Hipótesis de acreción binaria

Hipótesis de acreción binaria
La hipótesis de la acreción binaria supone la formación al mismo tiempo tanto de la Tierra como de la Luna, a partir del mismo material y en la misma zona del Sistema solar. A favor de esta teoría se encuentra la datación radioactiva de las rocas lunares traídas a nuestro planeta por las diversas misiones espaciales, las cuales fechan entre 4.500 y 4.600 millones de años la edad lunar, aproximadamente la edad de la Tierra.

Como inconveniente tenemos que, si los dos se crearon en el mismo lugar y con la misma materia: ¿cómo es posible que ambos posean una composición química y una densidad tan diferentes?. En la Luna abunda el titanio y los compuestos exóticos, elementos no tan abundantes en nuestro planeta al menos en la zona más superficial.

Hipótesis de impacto

La hipótesis del impacto parece la preferida en la actualidad. Supone que nuestro satélite se formó tras la colisión contra la Tierra de un cuerpo de aproximadamente un séptimo del tamaño de nuestro planeta. El impacto hizo que bloques gigantescos de materia saltaran al espacio para posteriormente y, mediante un proceso de acreción similar al que formó los planetas rocosos próximos al Sol, generar la Luna.

Lo más dudoso de esta teoría es que tendrían que haberse dado demasiadas coincidencias juntas. L probabilidad de impactar con un astro errante era muy alta al inicio del Sistema Solar. Más dificil es que la colisión no desintegrase totalmente el planeta y que los fragmentos fuesen lo suficientemente grandes como para poder generar un satélite.

La teoría del impacto ha sido reproducida con ayuda de ordenadores, simulando un choque con un objeto cuyo tamaño sería equivalente al de Marte, y que, con una velocidad inferior a los 50.000 km/h, posibilitaría la formación de un satélite.

Hipótesis de precipitación

Últimamente ha aparecido otra explicación a la que dan el nombre de 'Hipótesis de precipitación' según la cual, la energía liberada durante la formación de nuestro planeta calentó parte del material, formando una atmósfera caliente y densa, sobre todo compuesta por vapores de metal y óxidos. Estos se fueron extendiendo alrededor del planeta y , al enfriarse, precipitaron los granos de polvo que, una vez condensados, dieron origen al único satélite de la Tierra.