"La observación fue completamente inesperada, procedente de una galaxia que ha permanecido tranquila durante al menos 20 o 30 años", dice Marek Nikolajuk de la Universidad de Bialystok, Polonia, y autor principal del artículo en Astronomy & Astrophysics.
Se encontraba a 47 millones de años luz de distancia, en la galaxia NGC4845. Los astrónomos siguieron la luz durante todo el año 2011, hasta su máximo en enero de 2012, cuando el brillo de la galaxia se multiplicó por mil y se desvaneció.
El intenso destello procedía del halo de material en torno al agujero central de la galaxia. Este objeto destrozaba y se alimentaba de otro de una masa entre 14 y 30 veces la de Júpiter, un rango que se corresponde con el de las enanas marrones, objetos que no pueden realizar una fusión del hidrógeno de su núcleo, como ocurre con las estrellas.