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domingo, 12 de mayo de 2013

El Gobierno aprobará una estrategia para adaptar la costa al cambio climático

Una vez aprobada la Ley de Costas en el Congreso, llega el momento de empezar a pensar en el Reglamento. Los técnicos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ya se encuentran trabajando en la elaboración del texto, que el ministro quiere que esté listo para antes de final de año. En él se establecerá un "régimen especial" para aquellas edificaciones junto al mar que puedan verse afectadas por el cambio climático. Y, así, las ocupaciones que sean susceptibles de estar en zonas inundables no disfrutarán de la concesión estándar, de hasta 75 años, sino que el Gobierno "limitará" su uso.
El secretario de Estado de Medio Ambiente, Federico Ramos, ha afirmado esta mañana en rueda de prensa que "una de las grandes novedades medioambientales" de la Ley de Costas es que "incorpora una regulación específica para afrontar las consecuencias del cambio climático".
Los ecologistas acusaban al Ministerio de no haber tenido en cuenta esta problemática en su proyecto, pero, tras el trámite parlamentario, la norma ha incorporado enmiendas del PP en las que se fija cómo se gestionarán en los próximos años las eventuales crecidas del mar y los daños que puedan producir a las viviendas construidas en la playa.
La ley salva del derribo a construcciones ubicadas en el litoral antes de 1988 (cuando data la anterior Ley de Costas), otorgándoles una nueva concesión de 75 años. Pero, ¿qué ocurre en ese tiempo si crece el nivel del mar?

Límites

"No vamos a prorrogar concesiones que están en zona de riesgo" ha apuntado el número dos del Ministerio. "Cuando se declare una zona de riesgo, el plazo estará más acotado".
El Gobierno es el primer interesado en no dar concesiones a largo plazo a edificios que, con el tiempo, pueden verse devorados por el mar, así que en el Reglamento desarrollará este mecanismo y también tendrá en cuenta estudios que determinen cuáles son estas zonas inundables.
La ley, de hecho, impone la obligación de elaborar una "estrategia de adaptación de la costa al cambio climático " en un plazo de dos años, que se someterá a evaluación ambiental estretégica y en la que se indicarán los distintos grados de vulnerabilidad y riesgo del litoral, a la vez que se propondrán medidas para hacer frente a sus posibles efectos.
Según la ley, las comunidades autónomas tendrán que presentar, también antes de dos años, un plan de adaptación para hacer frente a los posibles efectos del calentamiento global.
Y, en tramos en situación de regresión, se adoptarán medidas para la "protección" y "restauración" del litoral.

miércoles, 30 de enero de 2013

Migración masiva de peces hacia el océano Ártico por el cambio climático

Los impactos del cambio climático en el Ártico están provocando una migración masiva de peces hacia latitudes más altas, según han podido constatar los científicos, que intentan responder a la pregunta de qué especies marinas "colonizarán" el océano profundo cuando quede sin hielo.
La segunda fase del Congreso Internacional sobre el Ártico, 'Arctic Frontiers', que se celebra esta semana en la ciudad noruega de Tromso, ha reunido a varios centenares de científicos implicados en investigaciones sobre la vida subacuática en este océano, cada vez menos glacial.
El objetivo: que expongan su conocimiento sobre la zona más desconocida del Ártico: los aproximadamente 2,8 millones de kilómetros cuadrados de océano profundo que hasta ahora han permanecido permanentemente helados, pero que, según las previsiones más optimistas del propio Consejo Ártico, podrían quedar libres de hielo en verano entre los años 2030 y 2040.
¿Habrá productividad marina en las aguas, de unos 4.000 kilómetros de profundidad, que rodean el Polo Norte cuando quede libre de hielo? ¿Querrán colonizarlas ballenas, rodaballos y bacalaos? Y, en caso afirmativo, ¿habrá pesca comercial en estas aguas internacionales?

Impactos del cambio climático

La franja marina que rodea el núcleo helado del Ártico (el mar de Barents, el norte de Islandia, el noroeste y nordeste de Groenlandia y el mar de Bering, entre Estados Unidos y Rusia) es uno de los territorios pesqueros más productivos del planeta, de donde procede el 20 % del pescado que se consume en el mundo.
Sin embargo, los impactos del cambio climático están desplazando los caladeros cada vez más al norte, ante "la pérdida de productividad marina en la zona sur".
"El calor acumulado en la atmósfera debido al calentamiento se transfiere al océano y se traduce, a su vez, en estratificación y en pérdida de nutrientes en bajas latitudes", explica Paul Wassmann, profesor de Ecología Marina de la Universidad de Tromso.
Por el contrario, al perder el hielo "las zonas del Norte absorben una luz que antes no captaban, adquieren más nutrientes y por tanto, son más productivas", agrega.
De este modo, los científicos del Instituto de Investigación Marina de Noruega (IMR en sus siglas en inglés) han constatado un 'significativo' desplazamiento hacia el norte de poblaciones de especies comerciales como el capelán, el rodaballo de Groenlandia, el bacalao ártico o el arenque.
La pregunta es, de continuar estos cambios en sus ecosistemas como prevén los científicos, si seguirán las especies marinas migrando hacia el océano profundo.
"Necesitamos más ciencia para responder a esa pregunta", apostilla Wassmann en una entrevista con Efe, "pero todo indica que la respuesta estará en si hay o no disponibilidad de nutrientes".

Riesgo de colonización

"A medida que aumente el deshielo el mar captará más luz, pero para ser más productivo y atraer a las especies necesitará también nutrientes; es como un hortelano en España que reciba una luz excelente para hacer creer sus hortalizas pero no disponga de un suelo fértil", apunta este científico alemán afincado en Noruega.
Harald Loeng, director de Investigación del IMR, ha estudiado el potencial de las especies pesqueras comerciales de colonizar las inmediaciones del Polo Norte.
En sus investigaciones, ve un alto potencial 'colonizador' para las ballenas, el tiburón de Groenlandia, la raya ártica, el cangrejo de nieve o el bacalao ártico; y "posibilidades de expansión mucho más al norte" para el capelán, el arenque o el bacalao atlántico, aunque no en las latitudes más altas.
Loeng indica que todo dependerá del tiempo que dure la temporada de deshielo, la distancia a la que se sitúen sus nuevas zonas de reproducción y la fidelidad hacia las mismas, y, esencialmente, de la cantidad de comida disponible.
Tanto Loeng como Wassmann ven improbable que en el centro del océano Ártico haya pesca comercial en menos de diez o quince años, aunque no dudan de que a finales de siglo, como bromeó el científico canadiense Steven Fergunson, las ballenas hayan sustituido a los osos polares como los mayores predadores del Ártico

domingo, 9 de diciembre de 2012

El deshielo de los polos ha elevado en 11 milímetros el nivel del mar


 

Cada año, los casquetes polares de la Tierra pierden 344.000 millones de toneladas de hielo. El proceso, que se está acelerando, estaba ya más que claro en el Ártico, pero acerca de lo que está pasando en la Antártida había, hasta ahora, más incertidumbres que certezas. Los datos no uniformes que venían tomando los satélites eran responsables, en gran medida, de esas dudas, tantas que algunos análisis hablaban incluso de crecimiento de la masa de hielo, y no reducción, en el casquete polar Sur. Pero el conocimiento del fenómeno en ambas regiones polares se asienta ahora sobre una base sólida con un gran estudio internacional realizado por 47 científicos de 26 instituciones, incluidos los autores de aquellos análisis de resultados variables y con el apoyo de la NASA y la Agencia Europea del Espacio (ESA).
“Ahora podemos afirmar de modo concluyente que tanto la Antártida como Groenlandia están perdiendo hielo”, resume Andrew Shepherd (Universidad de Leeds, Reino Unido), líder de la investigación presentada en la revista Science. Pero esto no significa que el proceso sea idéntico en el Norte y en el Sur, advierten los científicos. Mientras Groenlandia está perdiendo hielo cinco veces más rápido ahora que a principios de los años noventa, el proceso en la Antártida parece menos constante, aunque en la última década se aprecia un incremento del 50% en el ritmo de deshielo, explica otro de los investigadores, Erik Ivins (Jet Propulsion Laboratory, EE UU).
La pérdida de hielo en las regiones polares repercute en la subida del nivel del mar, concretamente es responsable del aumento de 11 milímetros desde 1992 hasta ahora, según concluye un segundo equipo, liderado por Ian Joughin (Universidad de Washington). Esos 11 milímetros suponen un 20% del total de subida del nivel de los océanos registrada, y del resto es responsable, sobre todo, la expansión térmica del agua, con una pequeña aportación del deshielo de glaciares de montaña.
Los expertos han aunado los datos de 10 satélites con tres técnicas de medida
Lo que está claro es que todas las grandes regiones polares de capa helada, excepto una, están perdiendo hielo desde 1992, concluyen los especialistas. La excepción es Antártida oriental, donde está aumentando la masa de hielo, aunque no en suficiente medida como para compensar la disminución en el resto del continente blanco. Pero la incertidumbre se mantiene ante el futuro. Es decir, los científicos no saben si la pérdida de hielo de Groenlandia, por ejemplo, se mantendrá al ritmo actual, se acelerará o se frenará, señala Joughin.
Para reducir estas dudas sobre el futuro es muy importante la síntesis de datos y métodos de medida de Shepherd y sus colegas. El problema con la información aparentemente contradictoria recabada con los satélites se debía a las distintas mediciones, con varios métodos y en diferentes plazos temporales. Con el trabajo colectivo de los 47 investigadores, ahora se unifica todo esto y se puede “empezar a comparar manzanas con manzanas”, como ellos dicen.
Para lograrlo han conjugado la información de 10 satélites con tres técnicas básicas de medida: con emisiones de radar o de láser que van rebotando en la capa de hielo y permiten determinar su altura y, por tanto, el volumen; medidas de las variaciones en el tiempo del tirón gravitatorio de la Tierra sobre dos satélites sincronizados a medida que sobrevuelan diferentes zonas heladas; con los modelos climáticos que permiten estimar la ganancia y pérdida de hielo y que utilizan los radares de los satélites para conocer la velocidad de desplazamiento de los glaciares. Cada método tiene sus puntos fuertes y débiles, advierten los expertos. Las plataformas heladas se alimentan de las nevadas y se destruyen en las costas cuando los bordes se debilitan por el aumento de la temperatura del agua y las corrientes, lo que, además, acelera el desplazamiento de los glaciares.
“Los cambios en la masa almacenada en las capas heladas son importantes por tratarse de un indicador del cambio en el clima global y porque afectan directamente al nivel del mar”, resume Shepherd.